“Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez en el tiempo que Dios le había dicho” Génesis 21:2

¡Qué difícil es esperar el tiempo de Dios! Especialmente cuando pensamos que ya, nada va a cambiar. Cuando empezamos a ver que las cosas comienzan a verse como imposibles. Cuando estamos bajo presión, cuando estamos en urgencias, cuando estamos en necesidad.

Entonces comenzamos a desesperarnos y todo el panorama es desolador. La ansiedad comienza a devorarnos. Si no logramos nuestro objetivo a tiempo el enemigo toma su oportunidad y trabaja en nuestro desánimo hasta llegar a la depresión.

Dios maneja un tiempo que no es el nuestro. El tiempo nuestro lo manejamos con un reloj y a veces, el reloj nos maneja a nosotros. A veces hacemos las cosas apremiados por el tiempo o como también se dice: “contra reloj”, y los resultados no son muy buenos.

Dios no usa reloj, pero nos da las cosas cuando es el mejor momento para nosotros, el tiempo más conveniente. Muchas veces arruinamos lo que Dios quiere hacer, o aún nuestras propias vidas, por apresurarnos y tomar decisiones incorrectas movidos por la ansiedad de ese apuro. La lección de confiar y esperar, es muy dura en este caso. El salmista dice en el Salmo 37:3-5 “Confía en Jehová y haz el bien y habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y El te concederá las peticiones de tu corazón, encomienda a Jehová tu camino espera en El y El hará”. Estas palabras son un bálsamo para nuestra ansiedad y son el camino de Dios, para que El haga las cosas.

¡Qué alegría cuando Sara tuvo su hijo!, Dios cumplió Su Palabra, como lo hace siempre. El no falla, es Fiel, a pesar de que nosotros no le creemos por las circunstancias o la imposibilidad de las cosas que nos rodean.

¡Señor queremos confiar en ti en este día, y esperar tu tiempo, para darnos lo que te pedimos!.

Dr. Daniel L. Bustamante

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